viernes, 22 de marzo de 2019

Ya te digo

Durante algún tiempo, y gracias a la fundación CEDAT de la UPV, tuve la oportunidad de acompañar a estudiantes que lo tienen un poco más complicado que el resto para asistir y seguir sus clases en la universidad. Fueron momentos que guardo con mucho cariño porque, a pesar de que supuestamente yo iba a ayudar, la experiencia terminó por enseñarme (y ayudarme) mucho más de lo que yo pensaba en inicio.

Ahí fue cuando conocí a Juan Carlos.

A poco que lo conocías te dabas cuenta de que era alguien especial; siempre contento, siempre positivo, siempre imponiéndose a las dificultades; un ser de luz, en toda su extensión. Por aquel entonces, Juan Carlos luchaba con denuedo por sacar adelante ingeniería informática. Y lo hacía bien, el tío. "Eres un crack", le decía a veces. "Ya te digo", respondía él, en un latiguillo que había hecho suyo de tanto usarlo.

De las incontables anécdotas que quedaron de aquella época, precisamente la que más me viene a la cabeza es una en la que no quedo demasiado bien parado. Pero, qué demonios. Es la que hay.

Juan Carlos no podía hacer los exámenes por sí solo; necesitaba alguien a su lado que transcribiera lo que él iba dictando. Así que me presenté voluntario para acompañarlo y poner por escrito sus respuestas.

A un examen de electrónica digital. Toma ya.

La ironía era que yo, por aquel entonces, era profesor de electrónica digital.

Así que allí me planté, bolígrafo en mano; fiel escriba de mi amigo.

El problema vino a mitad del primer ejercicio, cuando Juan Carlos cometió el primer error en sus cálculos. Y yo me di cuenta. "¿Estás seguro?", pregunté, con el fin de que reparara en la confusión. "Seguro", me dijo, sin perder la sonrisa. Y yo, que en mi interior seguía empeñado en "ayudar", en lugar de escribir su error, garabateé sobre el papel mi solución correcta.

Y sólo entonces me di cuenta de que me había equivocado.

Puede que Juan Carlos se hubiera equivocado en el ejercicio; pero mi error había sido mucho mayor y más profundo. Lo vi en la forma en que me miró, sonriendo, pero sin rendirse, y me pidió que tachara lo que yo había escrito.

Ya no intenté corregirlo más, por supuesto. Él mismo lo expresó en palabras de un modo insuperable al salir del examen. "Ximo, yo no sé si llegaré a trabajar de informático algún día. Pero quiero saber que, si me saco esta carrera, lo habré hecho yo". Luego soltó alguna gracia, contó algún chiste, y nos fuimos de allí bromeando, como si nada. Luego llegué a casa y lloré un poco, que es el efecto que tiene el saber que has asistido a una de las mejores lecciones de vida, con un profesor inmejorable.

Con el tiempo y las obligaciones perdí el contacto con Juan Carlos. Nos seguíamos siguiendo en faceboook, y nos abrazábamos cuando coincidíamos, de casualidad, en el arena o similar. La última vez, hace un par de semanas.

Y ahora Juan Carlos ya no está.

Aunque, en cierto modo, siempre estará. Es inevitable. La impresión que deja en todos los que lo conocieron es difícil de borrar. Hace unos años me inspiré en él para crear a Rumrum, el personaje de las novelas de Bredford Bannings. Y para que nadie tuviera dudas, lo dejé bien escrito, en la dedicatoria de A la recerca de l'aunitina.

Así que buen viaje, amigo. Nos dejas un poco más solos, y un poco más tristes. Gracias por todo lo que nos has enseñado. Eres un crack.

Ya te digo.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

5 de septiembre. Volvemos a la carga

Pues aquí estamos, de nuevo.

Cerramos paréntesis vacacional y retomamos la actividad con energías renovadas. El curso académico ya está en marcha, mañana me estreno con la primera clase... y vuelta a la paradójica rutina de la improvisación universitaria. Que no está nada mal, oye.

 En este inicio de curso, y pensando específicamente en aquellos de vosotros que empezáis una carrera de ciencias y queréis repasar vuestros conocimientos de física, os recomiendo pasaros por estos dos MOOCs:


En breve os daré una noticia, en la línea de las anteriores, que me hace mucha ilusión. Es el final de un proyecto en el que hemos invertido muchísimo trabajo, pero cuyo resultado está a la altura del esfuerzo volcado. Permaneced atentos, pues.

¿Preparados? ¡¡Pues arrancamos!!


miércoles, 2 de mayo de 2018

De ferias y feriantes


El próximo 6 de mayo será (espero) un día intenso para mí. Constituirá el colofón al emocionante período que tuvo inicio cuando el jurado de los Premis Ciutat d'Alzira se puso en contacto conmigo para comunicarme que me habían concedido el Premio Vicent Silvestre por mi obra, Un mocador de Pirata.

Todo lo que vino después, desde la emocionantísima entrega de premios hasta la edición del libro, ha sido un tiempo maravilloso en el que he tenido la oportunidad de trabajar con gente extraordinaria.

El resultado verá la luz el próximo día 6, en el inmejorable marco de la Fira del Llibre de València. Y, como decía al principio, todo parece indicar que será un día intenso. A las 11:00 estaré en la Sala Museu 2 presentando el libro en compañía de, nada más y nada menos, Fani Grande, Josep Antoni Fluixà y Francesc Gisbert. La presentación correrá a cargo de Aitana Ferrer. Por la tarde, a las 17:20, tendré la oportunidad de grabar una pequeña entrevista en el Espai Plató, de nuevo en compañía del gran Francesc Gisbert.

Entre estos actos, estaré firmando ejemplares de mis obras. Por la mañana estaré en la caseta de Bromera (casetas 86 y 87) y, por la tarde, en las de La Costera (casetas 54 y 55) y Puerto (casetas 52 y 53).

Para mí sería un honor y un placer veros allí y compartir con vosotros una fecha tan señalada. ¡Os espero!


martes, 5 de septiembre de 2017

Lectura veraniega

Hale. Pues ya estamos aquí. Se acabó el verano.

No me quejo. He descansado y he conseguido desconectar. Por supuesto, me habría gustado que me diera tiempo de más, aunque esos "mases" suelan ser, entre sí, contradictorios: salir más, descansar más, ver más cine, nadar más, estar más con mi hijo... y, por supuesto, leer más.

Lamentablemente, esa última sensación parece acompañarme siempre, en tiempos recientes. Nunca dispongo de todo el tiempo que me gustaría para leer. Y empiezo a sospechar que  nunca dispondré. No obstante, y porque consolarse es gratis, creo que si hay algo bueno en la escasez de tiempo para la lectura es que, forzosamente, eso te obliga a ser más selectivo a la hora de elegir a qué páginas entregarás tus preciosos minutos de asueto y ensoñación.

Precisamente de eso no me puedo quejar, porque todo lo que he leído este verano ha sido extraordinario.

Como primera muestra, me voy a permitir unas breves palabras reseñando un pequeñito tesoro que llegó a mis manos enviado directamente por su autor, el genial Juan José Sánchez-Oro. Estoy hablando de El Pacto. Reptilianos y Gobiernos.



Que a nadie le engañe el título: esto no es uno de esos libros que nos intentan convencer de que existe una raza de seres alienígenas que secretamente dominan el gobierno mundial y conspiran para sojuzgar a la humanidad, no. Este libro analiza los hechos y los motivos que han llevado a una parte significativa de la población mundial a creer que lo anterior es cierto. Y lo hace, como no podía ser de otra manera, conociendo el rigor, la erudición y el buen hacer del autor, presentando una recopilación de las influencias externas, provenientes de los campos más dispares, que han contribuido a dar forma a este "mito moderno", como él mismo lo llama. Además, Sánchez-Oro se permite salpicar el texto de ciertas bien medidas muestras de acerada mordacidad, presentes incluso en las citas con que se abre cada capítulo (la de Mariano Rajoy es para nota).

Se trata, pues, de un ensayo versado pero, a la vez, ameno. Su reducida extensión y su fluida exposición posibilitan que pueda ser leído de una sentada (o dos, si, cuando vas más o menos por la mitad tu hijo te arranca el libro de las manos y te pide, con ojos encandilantes, que vayas con él a jugar a tenis).

El Pacto está publicado por Ediciones Oblicuas dentro de su colección Biblioteca del Misterio, una colección que está dando sus primeros pasos pero que ya está ofreciendo pequeñas joyas como ésta. Más que recomendable.

jueves, 13 de julio de 2017

En la frontera

Cada día que pasa me voy convenciendo más de que el universo presenta, a nivel íntimo, mecanismos inescrutables, irónicos y sutiles para funcionar. Hace algunos meses, y por pura casualidad, me crucé un par de correos con Juan José Sánchez-Oro, alguien a quien yo sólo conocía merced a mi condición de rosaventero de pro. Y, fíjate tú qué curioso, el contacto tuvo lugar precisamente en el momento en que se estaba gestando una fantástica iniciativa para la divulgación científica. Tres o cuatro correos después, el magnetismo y la ilusión que Juanjo estaba volcando en el proyecto me había contagiado y enrolado sin posible remedio.

Ahora, después de un proceso que ha sido desafiador y divertido a partes iguales, ya puedo dar la primicia. Se llama Fronteras de la Ciencia y se presenta como una revista que desea dar a conocer las temáticas científicas más actuales, emergentes, multidimensionales y de gran impacto en la sociedad.



Mi contribución en este primer número se titula ¿VIVIMOS EN UN HOLOGRAMA?. Os pongo la introducción.

Las dos teorías físicas más sofisticadas de las que se dispone para describir el universo, la mecánica cuántica y la relativista, son incompatibles. La superposición directa de sus predicciones en regiones en las que los efectos de ambas son de magnitud comparable conduce a contradicciones difíciles de soslayar. Sin embargo, en los últimos tiempos ha emergido con fuerza una teoría con visos de poder llegar a armonizar ambas visiones, hasta ahora casi antagónicas. Lo más fascinante de todo son las drásticas implicaciones de la nueva teoría, según la cual el universo que habitamos podría ser un intrincado holograma, y nuestra percepción de la realidad, simplemente, una compleja ilusión.

Pues eso. Tengo que decir que estoy más que ilusionado. Compartir páginas con profesionales de la talla de Héctor Socas, Mario Fernández, Mónica Cornejo o Francisco Román Villatoro es un honor y una responsabilidad. No puedo más que recomendar encarecidamente la lectura de esta genial publicación... y desearle una larga y fecunda singladura.