jueves, 28 de julio de 2016

Y cortos que, igual, no lo son tanto

Fue una semana muy intensa. Como, por otra parte, suelen ser todas las semanas de rodaje. Al menos, eso dice la gente con más experiencia en esas lides. Para mí, supuso la posibilidad de ver en imágenes lo que, hasta el momento, sólo había sido real dentro de mi cabeza. Y puedo decir, con la boca bien abierta y sin atisbo de duda, que fue mucho mejor.

Fue mejor gracias, fundamentalmente, al trabajo y la profesionalidad de María Albiñana, Lucía Poveda y Miquel Arnau. También a la implicación imprescindible de la genial Bea Cabrera. Y por supuesto, al impuslo y trabajo de Juan Cavadas y Andrea Rodríguez.

Un rodaje loco, una postroducción todavía más loca, un montón de risas, anécdotas y meteduras de pata que llevamos adelante armados con una buena dosis de ilusión. ¿El resultado? Pues ahí ya tendréis que juzgar vosotros. Por mi parte, ahí os lo dejo.

Señoras y señores, con ustedes... "Esa mirada".



Relatos cortos que se convierten en cortos

Que la vida da vueltas y más vueltas en trayectorias no exentas de ironía es una tautología tal que no merece apenas una linea en el libro de las reflexiones comunes. Y, sin embargo, no por repetido es menos cierto.

El año pasado tuve la oportunidad de participar en el rodaje del corto "Esa mirada", adaptación de un relato breve que, allá por el 2004, recibió un accésit en el Premio de Relato Breve "Ciudad de Peñíscola". Fue una experiencia magnífica, intensa y divertida, de la que me llevo una buena dosis de experiencia y unos cuantos nuevos amigos que, espero, me acompañarán toda la vida.


Ahora que el corto está terminado y haciendo su recorrido, me pareció buena idea que el cuento original estuviera disponible para una audiencia bastante amplia, motivo por el cual me decidí a darle forma electrónica y dejarlo para descargar, gratuitamente, en Smashwords. Aquellos de vosotros a quienes os interesa, podéis acceder al texto en esta página.

¡Ah! Por si alguien se lo pregunta, la portada de este libro electrónico no la he hecho yo. La responsable de esta pequeña maravilla (que, por cierto, también es el cartel del corto) es Bea Cabrera, una amiga con un talento extraordinario. Para todos los que estéis interesados en su trabajo, aconsejo encarecidamente una visita a su más que recomendable web: http://beacabrera.com y su no menos recomendable blog http://obsessive-coffee-disorder.com. Dicho queda.

Y un último detalle: la cara de la portada pertenece a Miguel Arnau Espinosa, protagonista del corto. Quien quiera ver más trabajos de este genial actor, no debe perderse, bajo ningún concepto, la página http://www.youtube.com/user/Miguelarnauespinosa.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Unos invasores muy marcianos


Moncloa Invaders es un clon de Space Invaders, un juego que se ha convertido ya en una leyenda. ¿La particularidad? Pues, ni más ni menos, la identidad de los invasores y el defensor. En esta ocasión, en lugar de aquellos peligrosos pixelados extraterrestres, los he sustituido por entes algo menos extraterrestres pero, sin duda, igual o más marcianos.

¿Parodia? ¿Homenaje? ¿Revancha? ¿Tontería? ¡Yo qué sé! Sólo puedo decir que me pareció una idea divertida y que, cuando estuvo terminado, me pareció que todavía sería más divertido si lo distribuía. Quizá, de este modo, iremos haciendo el camino al 20D un poco más entretenido.

Disponible en Google Play

No os imagináis las ganas que tenía de estrenar el logo que encabeza esta entrada. Y no es que me haya llevado mucho tiempo (el proceso de revisión de Google es realmente ágil, si comparamos con el de la Distinguida Competencia). Pero me hacía ilusión abrir la experiencia de publicar una app.

Así que ya es oficial. Moncloa Invaders está en Google Play. Gratuita (aunque con ads y compras en la aplicación, tengo que avisar) y disponible para ser descargada en este enlace. ¿Le echáis un vistazo y me decís qué os parece?

lunes, 30 de noviembre de 2015

Peshosha

El pequeño Joaquín, que ahora tiene dos años y medio, no sabe nada de poesía. Sin embargo, esta mañana, al salir a la calle, levanta esos ojos redondos, ve la luna menguante recortada sobre el cielo azul y exclama, a voz en grito: "¡Mía, papá! ¡Nuna!". Luego clava su mirada en mí y, como quien da una clase magistral, me dice: "Ta peshosha", que en su dialecto hecho a base de fonemas recortados significa que está preciosa.

Lo siento en su carro y le abrocho el saquito hasta arriba, que la mañana ha amanecido un poco fresca. Mientras lo hago, Joaquín no deja de mirar al satélite; saca la manita por encima del saco y, acompañándolo con el gesto, dice: "¡Ven, nuna! ¡Ven!".

Recorremos el camino que nos lleva a la guardería. Durante todo el trayecto, va jugando al escondite con la luna. Cuando la perdemos de vista tras un edificio, levanta las manos con las palmas hacia arriba y dice "No ta". Cuando vuelve a emerger detrás de los gigantes de ladrillo, exclama, entusiasmado: "¡Ahí ta!".

Y, durante todo el camino, voy pensando que, quizá, los que no sabemos nada de poesía somos nosotros.